El Blog de Puerta del Norte

Al miedo hay que enfrentarlo

En este caso con cautela y con seguridad, con protocolos y con respeto por todos y todo y mirando que la vida hay que seguirla.

Todo lo anterior es para decirles que, si bien esta pandemia y el encierro nos han acobardado, no podemos seguir viviendo con miedo.

Soy de las que me encerré siete meses y medio y solo salí dos veces y eso por una terapia que tuve que aprender a hacérmela sola.

Pero la vida te da la vuelta y ante un llamado de mi hija, quien no estaba bien de salud, decidimos salir al extranjero y enfrentar el pánico. Aquí pudo más el amor que el miedo

No fue fácil, nos armamos de valor y decidimos, que con tranquilidad y los cuidados propios había un deber que cumplir.

Para viajar había que hacer algunas compras antes y decidimos ir al Centro Comercial más cercano y ¡oh sorpresa!, había más bioseguridad que en mi casa. Aquí la seguridad enfrentó al miedo

Seguimos al pie de la letra las instrucciones y descubrimos que, si bien el peligro persiste, el miedo que lo acompaña nos estaba quitando la oportunidad de vivir.

Descubrimos que estos centros comerciales tienen control de aforo, es decir, no se entra por tumultos, se entra de a pocos y luego de medir temperatura y comprobar que se tiene el tapabocas y se usa el alcohol o gel para las manos, hicimos las compras en menos de media hora y de regreso a la casa.

Vino luego el viaje en avión por tres horas. El miedo inicial nos dio porque pensábamos en las largas filas para entrar al aeropuerto, así nos habían dicho, pero nada, entramos sin larga fila, con la distancia debida entre el pasajero de adelante y el de atrás, nos revisaron documentos, nos midieron la temperatura, no hubo que hacer fila para la atención en el mostrador y cuestión de cinco minutos, estábamos haciendo inmigración. Todo con fila, pero no largas, todo con distanciamiento debido y en la sala de espera, también.

Nos cambiamos tres veces el tapabocas por recomendación de la aerolínea, habíamos comprado los famosos tapabocas N95, espectaculares, más costosos, pero los mejores.

Cuando llegamos al aeropuerto en Estados Unidos, la bajada del avión fue en orden y con distanciamiento, fue muy rápida, así como la fila para revisión de documentos. Todo el mundo con tapabocas y guardando distancia como estaba señalizado. Aquí la tranquilidad venció a los que pregonan el miedo sin saber. A los derrotistas los confrontamos.

Antes de encontrarnos con nuestra hija y nietos, nos bañamos en alcohol, nos lavamos las manos y feliz encuentro. Aquí la felicidad venció al miedo.

Encerrados en nuestra ciudad, encerrados en Estados Unidos, pero con los nietos y mi hija y su esposo. Fueron unos días maravillosos, en donde también por necesidad tuvimos que ir a un mall conocido, nos alistamos para ir como lo manda la pandemia y con toda la seguridad. ¡Y qué les digo de la sorpresa que me llevé!: entramos al centro comercial como Pedro por su casa, nadie nos paró, nadie nos dijo nada, no había control de bioseguridad en ninguna parte, había mucha gente y todo parecía un día de fiesta. Obvio que salimos como “alma que lleva el diablo”, pero me sirvió para comparar lo responsable que somos en Colombia y en Medellín y su área metropolitana, Aquí, en Estados Unidos, en este centro comercial al que fuimos, al miedo le dio miedo.

Soy de las que creo que la vida tiene que seguir y que, si no hay que salir, pues quedémonos en casa, pero si por necesidad hay que hacerlo, busquemos ir donde haya seguridad, donde las normas sean estrictas, donde el salir valga la pena y el miedo no se sienta.

Busquemos tranquilidad, busquemos que sea una salida que alivie nuestro peso del encierro, hagamos averiguaciones antes de salir sobre el tema del aforo, y de las medidas de bioseguridad, todo esto para hacerlo con responsabilidad, pero también en paz.

Yo creería que los centros comerciales en Medellín y su área metropolitana, por ejemplo, tienen todo eso y aunque la decoración ya no sea interactiva, sino para observar, ella aliviará el espíritu encerrado y nos meterá de lleno en la vida cotidiana.

Si por necesidad de cualquier índole hay que salir y llevar a los niños, los centros comerciales, son el mejor camino y aunque no haya eventos grandes, siempre la creatividad de estos permitirá que los niños se entretengan, guardando todas las medidas para evitar contagio.

No podemos dejar que nuestro comercio muera de inanición por miedo, porque ellos están haciendo esfuerzos grandes y costosos. No han escatimado en nada para poder mover las ventas y darles seguridad a los clientes, además de tranquilidad.

Es esta la oportunidad para que organizadamente, apoyemos lo nuestro, compremos lo nuestro y nos mostremos alertas, pero sin miedo, porque al miedo hay que enfrentarlo con responsabilidad y conciencia.

 

Maria Victoria Jiménez.

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07 de enero de 2021

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